El fascismo detrás de la mascara democrática de la derecha. desde el movimiento trans en la actualidad de España

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El fascismo detrás de la mascara democrática de la derecha. desde el movimiento trans en la actualidad de España.

el fascismo o dictadura española fue un periodo que el golpe militar del 1936 estableció en España que la gobernó desde 1939 hasta 1978. La causa de definir aquel régimen de esta manera se debe a un proyecto conservador altamente exitoso que tenía por objeto presentarlo como un régimen caudillista, autoritario, liderado por un general, que limitaba la expresión de libertades sin intentar, sin embargo, cambiar la sociedad e imponer una ideología totalizarte a la población.

Negar el carácter totalitaria del régimen dictatorial, su nacionalcatolicismo, el ingrediente central del fascismo español, tiene una función política de enorme importancia, como podemos ver hoy. Las contrarreformas que está llevando el gobierno del Partido Popular y la ideología que lo sustenta tienen sus raíces históricas en el fascismo español. La obvia falta de cultura democrática del PP, su intento de recuperar un nacionalismo extremo, su negación de la plurinacionalidad de España, su represión de la clase trabajadora con pérdida de derechos laborales, sociales y políticos, su estrecho ligamen con los grupos fácticos y poderes económicos, sus contrarreformas educativas para generar “élites superiores” que gobiernen el país, su profundo nacionalcatolicismo, son todo ello reliquias del fascismo que caracterizó aquel Estado.

No estamos, indicando que el PP o su cultura sean fascistas, pero sí que estoy subrayando que partes de esta cultura son heredadas del régimen fascista. Y somos conscientes de que cuando definimos como fascismo en lugar de franquismo, se generará una respuesta de hostilidad, no solo por parte de las fuerzas conservadoras españolas sino también incluso por parte de algunas izquierdas que ven el término fascismo como “excesivamente fuerte”. Y ahí está el problema. Viendo a aquel Estado como meramente autoritario no se dan cuenta de la continuidad de la ideología que todavía hoy rige un grupo de poder conservador con la existente en aquel régimen dictatorial que científicamente puede demostrarse que fue de una ideología totalitaria fascista.

La arquitectura jurídica del franquismo favorecía un clima de miedo que impedía moverse con libertad. La ley permitía medidas preventivas contra este colectivo y tratamientos como la lobotomía y los electroshocks para erradicar lo considerado como una enfermedad. Los suicidios y las violaciones en prisión eran frecuentes. Había cárceles específicas en Huelva y Badajoz, y en la Modelo de Barcelona, Valencia y Carabanchel se habilitaban módulos para recluir a este tipo de presos. Desde el Palomar, en la tercera planta de la prisión madrileña, se arrojaron varios reclusos para quitarse la vida.

En 1954 se criminalizó a las personas LGTBI incluyéndoles en la ley de vagos y maleantes, una norma que fue sustituida en 1970 por la de peligrosidad social, en vigor hasta bien entrada la democracia. En el verano de 1979 aún se podía detener a gente por ‘travestismo’ y ‘prostitución de personas trans y homosexuales’. A pesar del tiempo transcurrido y de las recientes conquistas de derechos civiles, el estigma permanece, según denuncian activistas en defensa de derechos del colectivo lesbianas, gays, trans y bisexuales (LGTB).

Las lesbianas fueron doblemente discriminadas por su homosexualidad y por ser mujer.

Las personas transexuales además de represaliadas fueron sistemáticamente invisibilizadas, fueron tratadas como homosexuales por un régimen incapaz de distinguir entre orientación e identidad sexual.

la “Ley de peligrosidad y rehabilitación social, entró en vigor en 1970 y no fue derogada hasta 1995, lo cual despierta bastantes sospechas sobre el carácter real y rupturista del periodo postfranquista, si bien somos muchas las que ya hemos cuestionado el relato dominante con una simple mirada al desolador pero fantástico panorama político actual. Su objetivo no era tanto reprimir sino más bien “rehabilitar”, aunque el efecto final fue el mismo: más represión y menos libertad sexual. Entre los detalles parece interesante rescatar la cuestión de los centros especializados que dividían a los homosexuales en pasivos y en activos, como si de una cuestión ontológica se tratase. Lo curioso es que “…en la práctica se declaraban activos o pasivos dependiendo de la cercanía de la prisión con su residencia”, lo que manifiesta que los sujetos implicados, los gays de entonces, pese a estar sujetos a los aparatos de regulación sexual subvertían la finalidad de los mismos a través de una utilización estratégica en interés propio. El valor de estas hazañas es que, hasta en esa posición, fueron capaces de resistir a los poderes fácticos con menor o mayor éxito.

Hasta aquí, hemos hablado siempre de homosexualidad, pero la represión de entonces no ignoró a aquellas personas que manifestaban una transgresión explícita del sistema sexo-género.
A pesar de que, con mucha seguridad, el régimen asociaba homosexualidad con inversión de género, desdibujando las fronteras entre homosexualidad y transexualidad, las personas transexuales, travestis y otras subversivas también fueron castigadas de formas concretas, tal y como lo demuestran las historias de vida.. El caso de Manolita Chen es revelador, pues relata toda una serie de atropellos y de injusticias que, seguramente en una menor intensidad, muchas otras aún soportan en muchos puntos del globo, e incluso en las calles, colegios, comisarias y cárceles de nuestro país. “yo no podía tener amigos ni amigas.

Los padres le decían a los otros niños: “no te acerques a manolito” (….) de niño estuve más solo que la una” alegó Manolita. A pesar de la centralidad del esencialismo en el discurso sexual hegemónico de la época, podemos percibir en estas palabras cómo la sociedad se mantenía en alerta ante un posible “contagio”, como si la transexualidad fuese una modalidad de la peste. Naturalmente que se trata del efecto de la transfobia sistémica que castiga todos los comportamientos que pueden desestabilizar el orden de género y de esta manera, se asegura que el resto no cruce las fronteras de las posiciones de género aceptables.

Siendo conscientes de que no podemos aludir a todos los aspectos notables que emergen de las voces de las historias, que vivieron un duro pasado de discriminación, empezando por el entorno familiar: “su madre le denuncia por vestir como una mujer”. Como hemos sentenciado, el poder, los efectos del mismo pueden encontrarse en la constitución de los sujetos mismos, de manera que ellos mismos pueden contribuir a su sumisión desde un rol activo, o a la de otros como ocurre cuando una madre reproduce tales dinámicas,. Es la cara más dura pero efectiva del poder, cuando los propios dominados por las relaciones patriarcales contribuyen a la reproducción de las condiciones de opresión y dominación. Es la “gubernamentalidad” de Foucault (1999), que nombra el proceso a través del cual los propios sujetos, regulados desde el yo, participan en el orden social, en este caso, heteropatriarcal franquista.

Resulta imposible aludir en estas líneas a todos los elementos que las experiencias de  personas que nos brindan y que son susceptibles de convertirse en herramientas políticas que enriquezcan a las luchas sociales. Tanto las voces de activistas como los aspectos históricos, nos muestran un pasado que nunca ha sido borrado de las carnes de muchas de nuestras compañeras de comunidad, de lucha o de bares de ambiente. Difícilmente podrá existir un homenaje mejor para todas estas personas que la intransigencia que muestra el autor ante el olvido impuesto por quiénes han escrito otra historia que no es la nuestra.

Se cumplen diez años de la aprobación de la normativa que facilitó a los transexuales dirigirse a la administración con su propia identidad. La Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, permitió a estos ciudadanos, por ejemplo, disponer en su DNI de su verdadero nombre y género, o no tener que dar explicaciones cuando debían firmar un contrato o dirigirse a su ayuntamiento o comunidad.

El 15 de marzo se conmemora el décimo aniversario de dicha ley, que coincide con la celebración del Día de la Visibilidad Trans. Y las asociaciones que trabajan por la igualdad del colectivo siguen buscando la manera de que los transexuales puedan acabar con las barreras que aún les siguen impidiendo ser visibles ante la sociedad, con el objetivo de que cada vez sea más cercana su plena igualdad.

Este año la celebración llega apenas unas semanas después de que la organización Hazte Oír sacara a las calles el autobús cubierto de mensajes tránsfobos dirigidos a los niños y que ha provocado un rechazo prácticamente unánime de partidos, instituciones y sociedad civil.

la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, ha convocado una jornada de movilización para el próximo día 25 que se materializará en una concentración en la Plaza de Jacinto Benavente de Madrid. “Salimos a la calle para demostrar que existimos, que nuestras hijas, hijes e hijos, existen. Que existen ahora y que es ahora cuando necesitan una legislación que proteja su identidad”,

Por la despatologización por eso el colectivo está impulsando la aprobación de una Ley Integral de Transexualidad.

La situación actual en nuestro país

La regulación de la identidad de género o de la transexualidad se ha realizado en España a través de la ley 3/2007. Esta ley modifica la mención registral relativa al sexo de la persona, pero tiene muchas lagunas, según manifiestan diversas asociaciones. “La identidad de la persona implica mucho más que una rectificación registral, como por ejemplo la existencia de un derecho a la propia identidad sexual y de género, la atención integral de la salud de las personas transexuales, los incentivos a la investigación en el aérea de la transexualidad, las campañas y acciones de lucha contra la transfobia, la creación de un servicio de asesoramiento jurídico y de apoyo psicológico y social a los familiares de la persona transexual y el diseño de una política de discriminación positiva en el empleo y en otros ámbitos jurídicos y sociales”,

Además, ésta no incluye a menores transexuales ni a extranjeros transexuales, no recoge la penalización específica de la transfobia en el código penal, ni asegura un tratamiento adecuado de las personas transexuales en los Centros Penitenciarios.

Las comunidades autónomas decidieron regular esas carencias y el resultado han sido diferentes leyes autonómicas en Catalunya, Navarra, País Vasco, Extremadura o Andalucía. En esta última se consiguieron importantes avances, y una definición de identidad de género como “la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la siente, que puede corresponder o no con el sexo asignado en el momento del nacimiento y que incluye la vivencia personal del cuerpo. Puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos quirúrgicos o de otra índole siempre que ello sea libremente escogido” (artículo 3).

La necesidad de una ley integral

“Todos tienen derecho a una identidad oficial registrada en un certificado de nacimiento, así como el derecho a que esa identidad oficial sea consecuente con su identidad real. A un porcentaje de personas trans se les adjudica un sexo erróneo en el momento de su nacimiento al basarse exclusivamente en la apariencia de los genitales externos, provocando así una discordancia entre lo real y lo registral”. Así explica la necesidad de crear una herramienta que recoja estos derechos: una ley integral de transexualidad.

Las personas trans necesitan tener derechos como cualquier otro, entre ellos derecho a utilizar libremente el nombre que hayan elegido, que debe ser reflejado en su documentación legal, en la documentación administrativa del centro académico, en los listados de alumnos y calificaciones académicas. Derecho a poder recibir tratamiento médico relativo a su transexualidad, especialmente la terapia hormonal; derecho a no sufrir discriminación por motivos de identidad de género, para lo que son necesarios programas de sensibilización sobre los derechos humanos y los principios de igualdad y no discriminación, programas de capacitación dirigidos a docentes y estudiantes”.

“Las necesidades son muy básicas y lo que debería incluir una ley para nuestros menores ya está recogido en la Constitución y en los Derechos del Niño: no es otra cosa que el derecho al libre desarrollo de la persona, que no se respeta”, “El que no se le excluya del sistema sanitario o la libre identidad son derechos fundamentales”,

Sin embargo,. Consideramos que recurrir a otros mecanismos genera falsas expectativas.

 

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